Madroño: todo lo que debes saber

Madroño todo lo que debes saber

Introducción

El madroño (Arbutus unedo) es un árbol frutal o arbusto perteneciente a la familia de las ericáceas que es muy típico de zonas mediterráneas y que se ha convertido en el símbolo de Madrid desde hace mucho tiempo.

Su distribución es mediterránea, pero llega hasta el sur de Irlanda, donde se había dudado de que fuera espontáneo, ya que se pensaba que se lo podían haber llevado unos monjes que habían visitado Santiago de Compostela. Sin embargo, los análisis de polen del suelo demuestran que ya estaba hace tres mil años.

Es un árbol que puede vivir y crecer en zonas costeras españolas pero también en zonas de interior en las que el frío no sea excesivo. El madroño necesita un suelo profundo y buen drenado para crecer en armonía.

El madroño es un árbol de crecimiento lento que suele crecer de forma natural en bosques pero también es muy cultivado en jardines y parques de toda España. Al ser un árbol de hoja perenne, permite disfrutar de follaje durante todo el año y, además, sus flores y sus frutos son muy decorativos por lo que puede ser un árbol ornamental de cualquier ciudad sin ningún problema.

Descripción

El madroño es un árbol relativamente pequeño que no suele superar los 7 metros de altura. De hecho, por esta condición es considerado muchas veces como un arbusto.

Su tronco suele ser de color rojizo y corteza escamada y sus ramas adquieren un tono grisáceo muy particular. Sus hojas son de un tono verde brillante, pequeñas y con borde serrado. Sus flores son rojizas, crecen en forma de ramilletes durante el otoño y cuelgan en forma de panículas dotando de gran belleza a este ejemplar mediterráneo. Su fruto se llama igual que el árbol: madroño.

El madroño es un verdadero árbol, aunque por su porte parece más bien un arbusto. Se cultiva como arbolito de jardín en casi cualquier terreno, dado que es un árbol muy flexible en lo que a condiciones de suelo se refiere, pero lo normal es hacerlo en suelos profundos y silíceos de zonas soleadas con poca exposición al viento.

Además de ver madroños en España, podemos encontrarlos nativos de Irlanda o en algunas zonas de Sudamérica, entre otros muchos lugares.

Gastronomía de madroño

La guinda de madroño es comestible y dulce, pero no gusta a todo el mundo. Se dice que, si se comen demasiado, puede emborracharse, ya que contiene una cierta proporción de etanol, (CH2OH-CH3). A pesar de que estas bayas son abundantes en las montañas, no es fácil encontrar en el mercado.

Con las madroños se preparaba tradicionalmente una bebida parecida a la sidra y también vinagre casero. En algunas zonas del Mediterráneo hacen una salsa para acompañar carne y caza.

También se puede hacer mermelada o confitura. Esta mermelada, fácil de preparar, es muy popular en Italia y en Córcega.

Madroños en la mitología

madroñoSegún la mitología griega, de la sangre del gigante Gerión, muerto por Hércules en su décimo trabajo, brotó el primer madroño. Este origen mitológico concuerda con la facilidad que tiene el árbol de rebrotar después de un incendio o una tala. Esta vitalidad, sumada a que las hojas son siempre verdes, lo hace símbolo de la inmortalidad.

De ahí que los romanos lo utilizaran en los funerales, como relata Virgilio en la Eneida. Según los mismos romanos, este árbol estaba consagrado a la ninfa Cardea. Cuenta la leyenda que esta ninfa vivía en el Lucus Helerni, un bosque sagrado en las orillas del Tíber. Allí se insinuaba a los incautos con el fin de atraerlos en el corazón del bosque, donde desaparecía sin que nadie lograra encontrarla. Aquello se acabó cuando Janus se enamoró y ella no se pudo esconder del dios de las dos caras, que, a cambio del amor robado, le concedió el poder de ahuyentar las brujas y de curar a los niños , los enfermos y los embrujados. Según nos comenta Ovidio, cuando se la invocaba, trabajo utiliza su varita de madroño, con la que tocaba tres veces las puertas y los portales de las casas y desvanecía así todo mal.

En el Magreb, el madroño es considerado un árbol bendito que asusta maleficios y protege de todo mal. Los bereberes lo suelen hacer en la puerta de las casas, y las ramas llenas de frutos se utilizan para ahuyentar malos y demonios. En los países islámicos cuelgan la ropa de los enfermos con la intención de traspasarle las enfermedades. Estos ejemplares acaban recaragolats y secos, pero sobreviven a las cargas expiatorias.